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14 enero 2014 2 14 /01 /enero /2014 10:55

 

 

"¿Cuál era el medio de propaganda más potente del hitlerismo? ¿Eran los discursos individuales de Hitler y de Goebbels, (…) su agitación contra el judaísmo, contra el bolchevismo?”

 

goebbels.jpg

 

 

Esta es la pregunta que se hizo un filólogo judío alemán, Victor Kemplerer  en su libro “La lengua del Tercer Reich” para llegar a la conclusión de que no. Este catedrático de literatura francesa recuerda cómo la gente jugaba a las cartas o hablaba de temas banales mientras las radios emitían los discursos del Partido, que supuestamente todos escuchaban con la máxima atención. La manipulación del lenguaje en la Alemania nazi por el nacionalsocialismo se introdujo en el cerebro de las masas con palabras y expresiones de uso cotidiano que terminaron por crear una determinada forma de ver la realidad o como dirían los nazis, una “Cosmovisión”, una Weltanschauung.

 

La característica básica de esta nueva lengua, la lengua del Tercer Reich era su pobreza. A pesar de toda su retórica, el lenguaje nacionalsocialista estaba lleno de tópicos que se repetían continuamente, y era precisamente esta pobreza lo que lo hacía tan poderoso, puesto que todo el mundo lo podía usar independientemente de su nivel cultural. No solo era cuestión del abuso de tópicos, sino sobre todo, del tono de voz, que era siempre el mismo. 

 

Esta es la causa profunda de la tremenda pobreza de la lengua del Tercer Reich: está dirigido a un  único aspecto de la comunicación, a la invocación; es un lenguaje enfocado única y exclusivamente al fanatismo

 

juventudes-hitlerianas.gif

 

Pero el lenguaje nazi también se infiltró en la familia, la geografía y en todas las relaciones personales.

 

La ideología nazi no distinguía entre lo público y lo privado, así que evidentemente su concepción del mundo se introdujo en todos los aspectos de la vida, incluida la familia, y, dentro de esta, donde lo que hemos llamado el lenguaje del Tercer Reich es más visible es en los nombres que recibían los niños. Ya existía una moda previa  venida del  Romanticismo y de lo Wagneriano de poner nombres relacionados con la mitología nórdica, pero en la Alemania nazi pasó casi a ser una obligación,  porque los nombres cristianos significaban que no se era lo suficientemente nacionalsocialista y los que venían del Antiguo Testamento estaban directamente prohibidos.

 

Otro aspecto en el que la lengua del Tercer Reich fue especialmente militante es el relativo a las denominaciones geográficas. El nacionalsocialismo decía defender las tradiciones germánicas, pero si estas no le cuadraban las eliminaba sin contemplaciones. Buena parte de Alemania estuvo colonizada por pueblos eslavos, del mismo tronco que los rusos o los polacos, como los wendos o sorabos, y este hecho se reflejaba en la toponimia de un modo similar a todas las villas “Villafranca de…” que en España recuerdan la inmigración franca durante la Edad Media vía Camino de Santiago. En Alemania había muchos lugares con el adjetivo “Wendisch” que fueron, simplemente, eliminados. Se cambiaron miles de topónimos, y comarcas de la zona de Prusia Oriental fueron renovadas casi al 100%.

 

Lo mismo ocurría con las calles y, por supuesto, con las regiones. Adoptaron el término “gau”, que tenía resabios teutónicos medievales, sustituyendo al más moderno de provincia.  La manipulación de la geografía en el Tercer Reich llegó a cambiar el nombre de países enteros para hacerlos asimilables a la Gran Alemania. De esta manera, Austria cambió de llamarse Österreich (que significa literalmente “Imperio del Este”) a Östmark, literalmente “Marca del Este”, lo que equivalía a transformarla en una parte fronteriza de Alemania en lugar de ser una entidad política de igual categoría.  Llegaron incluso, en 1942, a cambiar este nombre por el de Donau und Alpenreichsgaue, para borrar todo recuerdo de Austria.

 

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Por supuesto, la lista de particularidades del lenguaje del Tercer Reich es muchísimo más extensa, como hablar de “física judía” para referirse a la Teoría de la Relatividad y así quitarle todo valor, o de “guerra judía” a la Segunda Guerra Mundial para, modificando el lenguaje, convertir a los agresores en agredidos. Pero estos ejemplos de manipulación del lenguaje son muy burdos y también muy conocidos, sobre todo por películas y se ha preferido sacar a la luz otros menos sabidos y más ingeniosos. 

 

 

 

 


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Published by blogtodohistoriaymas - en Historia
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