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2 octubre 2014 4 02 /10 /octubre /2014 19:06

 

Terminábamos el artículo anterior con la famosa frase del monje Glaber en la que afirmaba que la Cristiandad “se llenó del blanco manto de las iglesias”.

 

Pasados los discutibles terrores del año mil, entramos en la nueva etapa llamada por los historiadores Plena Edad Media. Prueba de lo diferente de los nuevos tiempos es el fenómeno histórico conocido como las Cruzadas. Si tenemos presente que el espacio que se declaraba heredero de Roma llevaba a la defensiva desde el siglo III (véase la crisis del Imperio) y que la Cristiandad Latina había estado en serio peligro hasta, por lo menos mediados del siglo X (véanse las Segundas Invasiones), el hecho de que Occidente pasara a la ofensiva es aparentemente sorprendente.

 

En esta última fecha los límites de la Cristiandad occidental no solo eran estrechos (poco más que desde el Duero al Elba) sino precarios: el Califato de Córdoba amenazaba los reinos cristianos del norte de Hispania, tanto como los sarracenos del sur de Italia el corazón espiritual de Occidente; el recién nacido Sacro Imperio estaba sometido a los ataques húngaros y una Inglaterra “recién” cristianizada a punto de ser ganada para los seguidores de Odín y Thor.

 

En el siguiente mapa vemos la expansión que ha protagonizado la Cristiandad al finalizar el siglo XI en comparación con la preocupante situación observada en el mapa del artículo anterior en la primera mitad del siglo X.

 

La Edad Media en Mapas (VII): De las Segundas Invasiones a la Primera Cruzada

El fin de las Segundas Invasiones y la aparición del orden feudal han permitido la reaparición del comercio, la aparición de los burgos y el constante aumento de la población. Vemos como las fronteras de la Cristiandad de rito romano se han expandido enormemente: el Islam rechazado de Italia y empujado al sur del Tajo y del Ebro en la península ibérica, los temidos vikingos y húngaros ganados para la Iglesia de Roma. Incluso se ha aventurado fuera de Europa, con la aparición de los Estados cruzados en el Próximo Oriente (Principado de Antioquiacondado de Trípolireino de Jerusalén…).

 

Esta pujanza contrasta con la situación de su hermano oriental, el Imperio bizantino, tras un principio de siglo realmente prometedor. A la victoria sobre los eslavos y búlgaros, reincorporando los Balcanes al Imperio había que sumar los éxitos misioneros entre los eslavos y la adopción del rito ortodoxo por estos. Precisamente fue la brillantez en el mismo momento de las dos ramas del cristianismo y la confianza que cada una de ellas tenía en sí misma lo que desembocó en la ruptura definitiva, el Gran Cisma o Cisma de Oriente (1054) con la excomunión mutua del Papa de Roma y del Patriarca de Constantinopla.

 

Todo se fue al traste con la irrupción en escena de los recién islamizados turcos selyúcidas, que al mando de Alp Arslan derrotaron a las tropas bizantinas de Romano IV en Mazinkert (1071) e invadieron Anatolia. Es el principio del fin de Constantinopla.

 

Es la desesperada situación lo que provoca que los hasta hace poco orgullosos bizantinos del emperador Alejo Comneno pidan ayuda al Papa Urbano II. Empieza así la Primera Cruzada (1095).

 

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Published by blogtodohistoriaymas - en Historia
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